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VIERNES DE LEYENDAS Y PARANORMAL
EL ‘Cochero’ que paseó a la muerte por la Alameda

Esta historia de la vida real ocurrió en una de esas noches únicas de Saltillo con lunas resplandecientes entre los años de 1925 y 1935

Era una noche calurosa en Saltillo, como a las tres de la madrugada, y con una bonita luna resplandeciente; los cocheros que se instalaban para dar servicio en la calle Padre Flores esperaban a sus primeros clientes.

Don Fernando Valdez, uno de los cocheros decidió trabajar esa noche, era muy popular en los años 30, por los bailes elegantes de los caballeros y las damas de mucho respeto de esa época.

A esa hora las antiguas calles de Saltillo eran recorridas por el “sereno”, quien anunciaba la hora portando siempre su quinqué de aceite.

Don Fernando era ya muy conocido por todos los nocturnos, comenta a EL DIARIO, la hija de éste, doña Ninfa Valdez.

Pero esa noche sería diferente para Don Fernando, un hombre viudo, con hijos bien educados, que

en punto de las tres de la mañana una dama abordó su coche.

Esa mujer muy alta, pero sobre todo elegante, portaba un sombrero de ala amplia, y los clásicos guantes blancos de encaje al igual que su vestido blanco.

Que por cierto, era una falta de respeto sostenerles la mirada.

El cochero cerró la media puerta de esos cuartos a los que se les daba “cran”.

La dama, siempre tranquila, le pidió la paseara por las calles del centro de Saltillo.

Preguntó el cochero un lugar específico a dónde llevarla.

Y respondió la dama elegante: “Por la calle Victoria por favor”.

Fue así como enfiló despacio por dicha calle con rumbo a la Alameda Zaragoza.

“Despacio, más despacio, quiero recordar todo”, sugirió la dama.

Era común en la noche que los grandes caballeros de smokin y sombrero corto de copa se hicieran acompañar de sus doncellas. Pero en esa ocasión, la mujer iba sola.

Ahora que lo recuerda, Fernando, solo observó por un momento el rostro de la mujer.

“Lucía pálida, era delgada pero de finos rasgos, era lo que dejó entrever la luz de la luna”.

Luego de dar tres vueltas en torno a la Alameda, la dama pidió que por última vez, la llevara al panteón San Esteban.

Don Fernando extrañado por esa situación, cumplió la orden.

Ella bajó del coche, le pidió que esperara un poco.

Extendió y entregó a Fernando, una tarjeta con una dirección.

“En este sitio le pagarán su servicio caballero, yo aquí me quedo”.

El cochero se quedó pensativo, a esa hora y en un panteón.

“Pero bueno al fin, habría una buena paga”, pensó.

Al amanecer, el cochero atendió la sugerencia de la dama y llegó al domicilio y preguntó por una señorita a la cual la había paseado en su coche por la madrugada.

“La sorpresa fue más para mi padre, que cuando los moradores de esa casa, le explicaron que efectivamente, la dama había sido parte de la familia, pero que esa dama, había fallecido hacía ya muchos años atrás”. “Sin embargo, no era la primera ocasión que pedía ese servicio”.

Esta leyenda, aseguró la hija del cochero, fue real y en esta ciudad de Saltillo.

La investigación anterior fue gracias al equipo de México, Misterioso y Paranormal.

Los restos del cochero, descansan en el mismo panteón donde dejó a la dama elegante.


Despacio, más despacio, quiero recordar todo”.

Dama elegante, la muerte

En este sitio le pagarán su servicio caballero, yo aquí me quedo (panteón San Esteban”.


Dama elegante, la muerte

La sorpresa fue más para mi padre, que cuando los moradores de esa casa, le explicaron que efectivamente, había sido parte de la familia, pero que esa dama, había fallecido hacía ya muchos años atrás”.

Ninfa Valdez

Lucía pálida, era delgada pero de finos rasgos, era lo que dejó entrever la luz de la luna”.

Don Fernando Valdez

1925 a 1935 Don Fernando, uno de los cocheros que prestaban el servicio de transporte en el Centro de Saltillo, vivió esta estremecedora experiencia; pasear y dejar en su última morada a una mujer, muy elegante y vestida de blanco.

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