Sociales

Juan Antonio Villarreal
‘Creyó en el teatro, y el teatro creyó en él’

Un hombre con gran pasión por los escenarios

Juan Antonio Villarreal Ríos, es solo un fantasma más en este mundo de melancolías; a los 62 años es un huérfano, su ombligo fue enterrado en un patio cerca del río, entre negras piedras, a los pies de un árbol que guarda los secretos de su infancia, sus sueños y sus pesadillas.

Nadie le conoce, a lo más han visto su rostro, a lo más han visto la cicatriz que porta en su frente y ese lunar muy cerca de sus besos. Es solo un fantasma solo que va y viene por las calles, ha extraviado su sombra y ella no ha hecho el menor esfuerzo por volver a zurcirse a las plantas de sus pies. Su mirada duele y cuando abraza es como si asfixiara, como si estuviera intentando robar el alma o entregar su corazón. Tiene la piel oscura y cuando grita las montañas le devuelven el aullido.

Escribe porque no tiene más remedio, porque es empujado por las palabras, porque la tinta se le escapa de las venas, y con esa tinta dibuja su silencio.

Un día del siglo pasado trepó a un escenario y desde entonces continúa allí, no se bajara de ese barco, de esa locura consciente.

Juan Antonio es un fantasma y él lo sabe … se regodeara en su propia historia, la que empezó en Piedras Negras en 1958, en el siglo pasado, cuando el ser humano aún no pisaba la luna, cuando un cuento al pie de una mecedora era suficiente para viajar, cuando unas cuantas calles eran un universo completo; un día le dijeron sus padres que detrás de la línea del horizonte, había otros horizontes y le abrieron la puerta de la casa para que se encontrara con otros mundos.

Se volvió arquitecto, y la arquitectura le enseñó que existía la literatura, la danza, el teatro, el canto, la pintura y un montón de formas para expresarse y encontrarse a sí mismo.

Juan Antonio un día llegó a Saltillo porque en la palma de su mano así estaba escrito, o porque se lo dijo al oído una gitana y le besó las mejillas .

Llegó y esta ciudad lo recibió tiernamente con un olor a café en sus calles y unas montañas para que sus ojos se deleitaran; él, un joven tímido, introvertido, creyó en el teatro y el teatro creyó en él y juntos han transitado por los escenarios y por las calles, se volvieron cómplices y han experimentado lo que es la vida.

SUS CÓMPLICES DE ESCENARIO

Eduardo Arizpe, Jesús Valdés, Adolfo Torres, Jorge Méndez, Gustavo García, Boris Shoeman, Sergio García, Mabel Garza, Marisa Vallejo, Mercedes Valencia, Luis Martín, Virgilio Leos, More Barrett, Delphine Mercier, Rafael Hernández, Emilio Carballido, Mario Espinoza, son los nombres de directores con los que ha compartido el escenario, de los cuales aprendió esto que es el oficio del teatro.

Ha sido un gusto para Juan Antonio actuar al lado de casi todos los que han escrito las páginas del teatro en Saltillo; de poder trabajar al lado de jóvenes que empiezan a descubrir este laberinto; el teatro es y seguirá siendo este enfrentamiento frontal, este mirarse a los ojos para decir la verdad aunque esta sea dolorosa.

12 años de la Asociación Coahuilense de Teatristas, al frente del Teatro del Seguro Social (1997 – 2009) permitieron que el teatro se desarrollara y diera un paso más para fortalecer el teatro local.

En diciembre de 1996, Gustavo García invita a Juan Antonio para unirse a este proyecto que dejó grandes resultados: la posibilidad de que directores y grupos invitados tanto de la localidad como de otras partes de la República se presentaran y compartieran su trabajo fue una experiencia que difícilmente, pero ojalá se vuelva a repetir.

Juan Antonio seguirá haciendo teatro porque ya no tiene más remedio, porque encima del escenario se encontró con los otros Juan Antonios que existían dentro de él y no sabía qué existían, porque nunca ha estado solo, porque siempre ha sido cobijado por un sin fin de actrices y actores que le han acompañado en el camino, por individuos que se mueven en las sombras para iluminar el escenario, o transformarlo; por un público que lo ha aceptado.

Actor polifácetico

34 años ininterrumpidos en el escenario, actor, director, vestuarista, escenógrafo, contador de cuentos, escribidor de historias, pintor… un fantasma eso es Juan Antonio; un fantasma que ha recorrido casi todos los municipios de Coahuila; que ha estado en muestras de teatro locales, regionales y nacionales; que ha saltado el charco para presentarse en Marsella, pero que un día decidió que Saltillo era el lugar para hacer el teatro y piensa que aún le falta mucho teatro por hacer.

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