Editoriales

Índice – Por Eduardo J. De La Peña

La construcción del Centro de Cultura Tecnológica que se inició este viernes en Saltillo tiene una doble trascendencia.

Destaca desde luego que el Coecyt tendrá la posibilidad de contar con un recinto propio para la divulgación científica y sembrar en los estudiantes la inquietud de explorar nuevas tecnologías, experimentar y crear. Quizá permita incluso retomar el proyecto del Museo El Giroscopio, que fue desmantelado en la administración estatal anterior.

El Giroscopio nació en un espacio aledaño al DIF Chapultepec al sur de Saltillo, con el auspicio de la iniciativa privada y el gobierno estatal, y posteriormente se le reubicó en el bulevar Venustiano Carranza, renovando su museografía y expandiendo el equipamiento, y finalmente terminó cerrado. Ahora tiene la posibilidad de resurgir.

Y el otro aspecto trascendente es que parte de la inversión para la construcción de este Centro de Cultura Tecnológica proviene de las multas que las autoridades electorales aplican a partidos políticos, pues así está previsto en la ley.

Con un proceso electoral en marcha a partir de este viernes, y otro en puerta para el año próximo, y conocida la reincidencia de los partidos en conductas prohibidas por la ley, el director del Coecyt Mario Valdés puede confiar en que una vez terminada la obra física del nuevo centro, tendrá recursos para su equipamiento.

Más de cuarenta municipios de Nuevo León fueron incluidos en una declaratoria de zona de emergencia por los daños que dejó “Hanna” la semana anterior.

La declaratoria no contempla ningún municipio de Coahuila, ya que los daños aquí no son equiparables a los sufridos en Nuevo León.

Sin embargo está el planteamiento del alcalde Manolo Jiménez en el sentido de que son cien millones de pesos los que se requerirán para rehabilitar el pavimento y recibirán con la mano tendida al presidente de la República si es que realmente viene en los próximos días. Mano tendida para gestionar recursos, que quede claro.

Y es que se precisa de inversión federal, más que para el bacheo para las obras hidráulicas que han quedado pendientes y que son ya impostergables para evitar que sigan ocurriendo inundaciones al norte de la ciudad.

Generó consternación en círculos de la política y la sociedad en Saltillo la muerte del ex alcalde Carlos de la Peña Ramos, quien tenía ya tiempo aquejado por una grave enfermedad.

Hombre moderado y poco afecto a los reflectores, De la Peña Ramos, el saltillense cabal, se ganó el aprecio de quienes lo conocieron y frecuentaron en los círculos en que se desempeñó, el servicio público, la actividad empresarial y su pasión cultural y deportiva: la charrería.

Apenas recién egresado del Tecnológico de Monterrey donde estudió Ingeniería Civil, Carlos de la Peña se incorporó a la plantilla de supervisores de obra del CAPFCE, y pocos años después llegaría a la Dirección de Obras Públicas del Ayuntamiento de Saltillo.

Semanas antes de rendir protesta como presidente municipal de Saltillo, Luis Horacio Salinas Aguilera se reunió a desayunar con algunos empresarios en el Café Tena, que se ubicaba en la esquina de lo que hoy es Avenida Universidad y Venustiano Carranza, al terminar el encuentro no llegó la persona que recogería al alcalde electo y este salió a esperarla en la banqueta del Ateneo Fuente.

Por ahí pasó, conduciendo una camioneta pickup Carlos de la Peña quien se ofreció a llevar a Salinas Aguilera. La plática en el camino, las coincidencias en la visión sobre cómo impulsar el desarrollo de la capital de Coahuila, definieron quién se haría cargo de Obras Públicas municipales.

Carlos de la Peña llegó años después a Obras Públicas del Estado y posteriormente a la alcaldía de Saltillo. Fue también director de Asuntos Municipales en Gobierno del Estado y delegado del Seguro Social en Coahuila.

A su paso por el servicio público forjó a una nueva generación de funcionarios, que por varios años destacaron como un grupo sólido y de profesional desempeño en la administración pública, entre los que se cuenta a Jesús Ochoa Galindo, Ismael Ramos Flores y Jorge del Bosque.

Con Carlos de la Peña se dio uno de los pocos casos en la historia de Saltillo en que padre e hijo llegan a la alcaldía, él lo fue de 1985 a 1987 y su padre, el doctor Carlos de la Peña, de 1949 a 1951.

Esa circunstancia se presentó también con don Eulalio Gutiérrez Treviño y su hijo Mario Eulalio; don Ricardo Villarreal y su hijo Rosendo.

Descanse en paz Carlos de la Peña Ramos.

edelapena@infonor.com.mx

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