Coronavirus

Abandono, efecto del Covid en abuelos

Una de las medidas generalizadas que tomaron los países desde el inicio de la cuarentena fue la prohibición de hacer visitas a los asilos para ancianos, una de las poblaciones con mayor riesgo de desarrollar síntomas graves por el Covid-19.

Estados Unidos, España y Argentina, entre otros, mantienen la medida, pese a que han flexibilizado algunas acciones. En otras naciones, como Reino Unido, tras una breve reapertura, se volvió a cerrar el acceso el 31 de julio, debido a una serie de rebrotes, pero para los adultos mayores el distanciamiento social está teniendo efectos emocionales importantes.

El Centro de Salud y Envejecimiento de la Población de Texas A&M indicó que el tener pocas conexiones sociales y la sensación de aislamiento y soledad se asocia a una serie de afecciones y que el distanciamiento constituye un factor de riesgo de muerte prematura, similar al tabaquismo.

Aunque muchos adultos mayores se encuentran en mejores condiciones al estar en hogares de cuidado, el impacto sicológico de no poder ver a los suyos es fuerte.

“Llevaban dos meses sin verlos. Ellos se sentían mal, muy decaídos y tristes. Empezaron a decir que la familia los había abandonado; por más que los llamaran no era lo mismo. La cuarentena los afectó muchísimo”, dice Silvia Catrina Trejo, coordinadora de Hogar Mis Nonas en Buenos Aires a EL UNIVERSAL.

Ante la prohibición de visitas, Silvia ingenió una herramienta para permitir la llegada de parientes a los abuelos después de varios meses. La “puerta”, o como ella lo llama “El muñeco”, separa a los que están adentro del hogar con los visitantes del exterior, quienes, por medio de manos de guante, pueden abrazarse.

“Empecé a buscar por internet cómo abrazar a alguien sin tener contacto directo y vi hechas mangas pegadas a vidrio muy fino. Le pedí a mi pareja que me comprara un nylon que sirve para cubrir las mesas, y yo mientras fui haciendo las mangas, y así nació mi muñeco.

“Ellos se ponían mal con el aislamiento, pensaban que los habían abandonado y no era así, era que no podían ingresar. Una vez que armé mi muñeco empecé a llamar a todos los familiares para que fueran eligiendo un día y una hora para poder abrazar [a los adultos mayores del hogar].

“Ahora ellos están contentos y les cambió la cara; son abuelos felices, porque saben que una vez a la semana los pueden ver (…) Nosotros esperamos que esto termine pronto y podamos volver a hacer nuestras mateadas con amigos y música en vivo”, cuenta Silvia Catrina Trejo.

Adelaida Rodríguez, familiar de Cerafina Ortega de 87 años, no ha podido ver a su tía por varios meses. En el hogar de cuidado Santa Aida, en Buenos Aires, una de las enfermeras dio positivo en pruebas de Covid-19, por lo que se implementaron protocolos de emergencia en el asilo.

“El mes pasado una de las enfermeras iba a entrar al hogar. Cuando hacen todo el protocolo al tomarle la temperatura, tenía más de 37 [grados] y la mandaron de vuelta para que fuera atendida. Fue al hospital, ahí le hicieron el hisopado y dio positivo.

“Inmediatamente, hicieron todo el protocolo. La Secretaría de Salud fue al hogar e hizo el hisopado a las 30 abuelas. Me llamaban todos los días, siguiendo la evolución de mi tía, tomándole la temperatura y me informaban que iba bien. Después de los 20 días, me avisaron que ya no iban a entrar más al hogar porque ya habían pasado más de 15 días y en este caso mi tía no tuvo Covid”, explica Adelaida.

Por su parte, Alba Ramírez, coordinadora de Proyectos de Hogares Clarita en Cartago, Colombia, afirmó que los abuelos en cuarentena están en “un sentimiento de abandono total”.

El hogar brinda ayuda a más de 200 ancianos en situación de vulnerabilidad.

“Al no poder desplazarse y buscar a sus conocidos, están cayendo en la desesperanza, no les importa el cuidarse; preferirían el abrazo o el acercamiento, así los contagien. Se les están aumentando los síntomas siquiátricos; además esto los lleva hasta la motivación de preferir la muerte”.

En abril, la Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió a hijos, nietos y amigos al menos una llamada diaria a los abuelos para brindarles información sobre las medidas y para que no se sientan abandonados.

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