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EL GATITO DE KAFKA
Robert Walser, un paseo por la despreocupación – Javier José Vallejo

En un día nevado de Herisau un periodista charlaba con un viejo, que tenía aires arrebatados de despreocupación. Era el mes de diciembre del año 1956 y la enfermedad mental mantenía a Robert recluido en un manicomio de Suiza. El delirio le había ganado la batalla a una de las mentes más brillantes. En pequeños lapsos de lucidez giraba una conversación que posiblemente era la última. Llevaba sombrero y un abrigo que lo protegía. Sus ojeras reflejaban insomnios y una notable anhedonia. Parecía como si fuera la reencarnación de Hölderlin.

LA RAREZA DEL ESCRITOR

Periodista: ¿Cómo eran los personajes que trabajabas en tus novelas?

Robert Walser: Antihéroes o personajes raros del siglo XVII, me parecían originales y con mayor autonomía.

Periodista: ¿En qué lugares te sentabas a escribir?

Rober Walser: En los paseos dominicales encontraba historias, por ejemplo, caminaba por los bosques y me sentaba a observar. Encontraba ternura en la despreocupación de las personas. Como una ventana de conocimientos.

Periodista: ¿Por qué una ventana de conocimientos?

Robert Walser: Porque los personajes encierran dramas novelescos que nadie conoce y esos detalles de erudición son elegantes. Es como observar a través de una ventana la antigüedad. Caminaba para llegar a sitios lejanos y el regreso lo realizaba en tren.

El poeta Cromañón

Periodista: ¿Te consideras un poeta antiguo?

Robert Walser: De joven leía periódicos parisinos, desobedecía las reglas, me gustaba el teatro y soñaba en convertirme en una persona distinguida. Podría decir que me siento de otra época y me consideraba un poeta rural.

Periodista: ¿Cómo construías tus relatos?

Robert Walser: Sentado, bebiendo café, curioseando me ponía a escribir. Otros días salía a caminar sin rumbo y durante ese proceso encontraba a parejas como Romeo y Julieta, que despertaban la imaginación.

Periodista: ¿En qué temáticas giraban tus relatos?

Robert Walser: Trabajaba con base a las ocurrencias y el desasosiego. Podían ser temáticas cotidianas que viven los viajeros que buscaban la libertad. La despreocupación confiere encantamiento y brinda jovialidad, independientemente del oficio.

Periodista: ¿Me podrías dar algunos ejemplos?

Robert Walser: De joven tenía tanta libertad que me sentía un lord y escribía sobre las impresiones teatrales y en especial las obras de Shakespeare y Schiller.

Cae nieve en unas ramas de abeto

Periodista: Se empieza a sentir más el frío y veo que usted es un oso de Herisau. ¿Hay gente que opinaba qué usted era una persona simpática?

Robert Walser: No lo sabía, me consideraba atento a la cortesía. Me gustaba encontrar lo divertido de los amigos. Me ocupaba de todos y no tanto de mí.

Periodista: ¿Qué opinión tienes sobre las metáforas?

Robert Walser: Un día entraba a una taberna un chango con sombrero. Vestía elegante y le gustaba llamar la atención. Le daba comezón y se rascaba con plena libertad. Todos se reían. El ambiente era alegría, entraba una hermosa mujer y se enamoraba a primera vista. Se acerba a ella y le pedía que fuera su esposa. Para no aburrirla le contaba fantasías y leía versos con sonoridad. Esas cosas produjeron un noble efecto en la dama, se sentía feliz y atenta con aquel simio que escribía cartas.

Periodista: ¿Qué recuerdos tienes del vagabundear?

Robert Walser: Recuerdo que realizaba visitas a los barrios de cafés, a las bibliotecas, aquellas aventuras me producían un goce intelectual y me sentía estoico. Alquilaba habitaciones económicas y con ojos gimnastas veía desde la ventana el horizonte. Esos silencios rejuvenecían el alma y me quitaba el sombrero. Sin embargo, tuve que abandonar eso caminos para dejar de escribir y apartarme de la civilización.

Con ello quedaba concluida la charla. Walser meditabundo y con los ojos perdidos observaba un cuadro de Ludwig Richter. El escritor necesitaba experimentar más cosas antes de partir. Intentaba ser útil al compartir hechos históricos. Hay palabras que no se deben escapar de la pluma, a pesar de la enfermedad mental se distinguía un aura romántica. Sufrir es gozar. Empezaba a caer nieve, suspiraba en sí mismo y caminaba despreocupado. En ocasiones las ideas se logran por escuchar el entorno. Solamente esas personas extrañas saben las razones.

El anterior diálogo, fue una entrevista imaginaria en tres actos. Declaro que soy un lector de Walser y alegóricamente de boca de Kafka oí decir que Robert es un héroe testarudo. Lo cierto era que estaba en la sierra de Arteaga en un día lluvioso. El Tunal me trasmitía un bello momento, una noticia que revelaba un senti un sentimiento de ternura me hacía el hombre más feliz de la tierra. historiador82@yahoo.com

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