Editoriales

OPINIÓN
Simple coincidencia – Guillermo Robles Ramírez

En el fraccionamiento donde vivo se está llevando acabo algunas ampliaciones en donde mis vecinos están haciendo alguna habitación extra, otros en sus cocheras, áreas de recreación social a lo cual aplaudo mucho porque están generando empleo a un sector de la población que a pesar de la pandemia, estos albañiles mantuvieron un ingreso a sus familias.

Hace unos días se me acercó un albañil a dos casas de la mía para preguntarme si conocía algún vecino que tuviera la profesión de médico, porque necesitaba que a su recién nacido le aplicaran las primeras vacunas, puesto que en el hospital en donde tuvo su esposa el alumbramiento, le negaron dicho servicio porque ellos no lo aplicaban muy a pesar de que venía incluido en el paquete vendido del parto, es decir, tampoco fue gratuito.

Mi respuesta fue que de momento no conocía a ninguno, puesto que era muy evidente que a escasos cuatro casas de ambos lados de la calle de mi domicilio, hay dos médicos que no se necesita adivinar que ejercen la profesión porque ambos se bajan de sus vehículos con bata de médico en algunas ocasiones y en otras con ropa médica de vector para personal médico de salud de color verde, es decir, no había necesidad de preguntar algo tan evidente cuando este albañil trabaja todo el día y mis vecinos doctores tienen un horario demasiado flexible durante el día siendo fácil de identificar sin necesidad de cuestionarme.

Lo anterior viene al caso puesto que siempre he sostenido la hipótesis de que quienes están más informados sobre los horarios de entrada y salida de las casas son los albañiles a los que personalmente desconfío de ellos cuando hacen preguntas tan obvias y fuera de lugar como lo que me sucedió.

Y son ellos una pieza clave para quienes se dedican a lo amante de lo ajeno, que estudia los movimientos de los miembros de la familia, como son el horario de entrada y salidas de la casa, quién la cuida, cada cuándo salen los fines de semana o vacaciones.

Otro de los participantes es gente que se infiltra dentro de los negocios de mensajería quienes también se da cuenta si en algún hogar se encuentra deshabitada y que tipo de sistema de seguridad cuenta.

También los famosos mochileros haciéndose pasar por albañiles o mecánicos automotrices ofreciendo sus servicios, quienes fichan las casas que no abren a cierta hora.

Obviamente, todos ellos por llevar esta información, también les corresponde el reparto del botín, y mientras se planea el robo junto con los horarios de cuando las patrullas dan sus rondines, o bien cuando no tienen esa ruta por considerarse de bajo peligrosidad.

Una vez neutralizado la ineficiencia de seguridad pública, cometen su robo perfecto; llevándose todo aquello vendible en el mercado negro, o donde pueden, ya sea por redes sociales.

Hay quien y quienes buscan como justificante la falta de empleo, aunque es un razonamiento sin elementos válidos, pues hay casos en la vida real en que hombres y mujeres que, aún teniendo un trabajo bien renumerado, los domina el ir a quitarle al prójimo todo lo que se pueda.

Sin que su oficio sea exclusividad de malandrines, es constante la detención de trabajadores del volante o jornaleros de la construcción que, teniendo trabajo, aprovechan las oportunidades que les da sus oficios para entrar a casas ajenas.

En el menor de los casos, hay taxistas que sirven de “acarreadores” de lo que saquean los rateros, al transportar el producto de los latrocinios al destino que les indica el maleante. Y sin señalar a nadie cualquier parecido a la realidad es sin duda alguna, simple coincidencia.

(Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México) www.intersip.org

Mostrar más

Más notas

Back to top button
Close