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EL GATITO DE KAFKA
Fiódor, filiación de un escritor – Javier José Vallejo

En un amanecer lluvioso con sensación a nostalgia, agonizaba Fiódor en San Petersburgo. Era el año de 1881 y tres amigos charlaban con el viejo. Una epilepsia lo tomaba por sorpresa. Por unos segundos convulsionaba y sus nervios se alteraban. Los dos amigos, Kavierin y Kanty, estaban impresionados. Al volver en sí, le preguntaban sobre su salud. Explicaba que era la enfermedad de tantos años. Sus amigos observaban el rostro huraño sin cachetes y la piel pálida de Fiódor parecía como si fuera un personaje de vampiros. Hablaba de sus aventuras para sobrevivir.

LA NIEBLA DEL AMANECER

Fiódor: Mi infancia tuvo pocas alegrías, pero tenía un libro que me proporcionaba ilusiones y me inspiraba a escribir, por eso escribí Noches blancas. Pero no resolvió mi vida.

Kanty: ¿En qué lugares trabajaste?

Fiódor: Me gustaba conocer lugares inexplorados. Tome la decisión de ir a Dresde, Ginebra y París. En todos los sitios no pude echar raíces porque la epilepsia fue quebrantándome. Pasaba mis días escribiendo y eso me ayudo a salir adelante.

Kavierin: ¿Por qué no te aferraste a quedarte en aquellas tierras?

Fiódor: No es fácil encontrarte lejos de la patria y no sentir nostalgia. Cuando leía los periódicos recordaba mi tierra. Además, vivir lejos es pasar hambres y miserias.

Kanty: ¿Se dice qué tienes fama de ludópata?

Fiódor: No seas agresivo mi amigo. Siempre me gustaron las cartas, beber y desvelarme. Mi vida era una descarga eléctrica, solamente el juego me daba plenitud. En ocasiones ganaba y siempre perdía todo el dinero. ¡Me la tenía que jugar!

LA CABAÑA DE LA PREHISTORIA

Kanty: ¿Si tuvieras qué viajar a la antigüedad, a dónde partirías?

Fiódor: Seguramente a Sodoma, porque no son hospitalarios y eso me ayudarían a aliviar la tristeza. Pienso que solamente Lot y sus hijas me abrirían sus puertas para jugar.

Kavierin: ¿Cómo fue la experiencia que viviste en la cárcel de Siberia?

Fiódor: Fue muy mala, estuve a punto de morir. Estar entre gente salvaje y con olores apestosos, fue la muerte. Aprendí que las personas valen por lo que llevan dentro y no por la apariencia.

EL POLVO DE LAS BIBLIOTECAS

Kavierin: ¿Qué opinas de las bibliotecas?

Fiódor: Es polémico, pienso que las bibliotecas parecen cementerios olvidados. Los libros están desapareciendo y las termitas son felices. Siempre atesore los cuadros del arte y soñaba con tener una librería en el campo.

Kavierin: ¿Qué héroe de la antigüedad admirabas?

Fiódor: Al gran Alejandro Magno. Me parecía un militar valeroso, le apodaban el león de la guerra y jamás fue derrotado en la batalla.

Kavierin: ¿Cuál es la filiación de tus personajes?

Fiódor: Que sean hombres verdaderos, pueden ser mundanos o lo que sea. Pero que su vida sea como un volcán en erupción. Que vivan el dolor en carne propia. Su edad no es importante, solamente la desventura.

Kanty: ¿Qué anécdota tuviste con algún lector?

Fiódor: Recuerdo que entre a un lugar extraño, estaba bebiéndome una cerveza y se me acerco un señor con sombrero negro. Me pidió que le firmara su libro. Al final nos divertimos y terminamos bien briagos.

Con ello quedaba concluida la charla. Era el mes de febrero, se escuchaba una música de fondo. El señor Dostoievski ordenaba otro café, se sentía intranquilo y sus ojos cansados. Se ponía a leer algunos fragmentos de Los Karamazov. Empezaba a sentirse el aire frío y solitario de las calles. Pensaba en mis adentros sobre la divina tristeza de los poetas grises. Fiódor tuvo una vida arrebatada que estaba a punto de concluir. La anterior charla, fue una entrevista imaginaria en tres actos, con Fiódor Dostoievski. Confieso que fue difícil adentrarte en la vida del escritor. Tuve que leer algunos libros, entre los que me ayudaron fue la biografía de Stefan Zweig sobre Dostoievski. historiador82@yahoo.com

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